lunes, 8 de junio de 2009

Instrucciones para caerse

Este es un juego que me propusieron hacer y es que basado en el cuento “Instrucciones para subir escaleras” de Julio Cortazar en Historias de Cronopios y de Famas, escribiera un cuento que se titulara “Instrucciones para…” y aquí va…


Caminar hacia el frente siempre ha sido algo que el ser humano ha hecho desde el momento en que empezó a evolucionar, mirar el suelo es costumbre de muchos y malestar de pocos, algunos con frecuencia notan los pliegues y relieves dignos de una cordillera que puede ofrecer el suelo, otros como es mi caso, no.

Victimas de estos pliegues que encontramos en las aceras, calles y caminos del mundo, hemos decidido levantar al menos una voz, donde solamente mostraremos la mejor manera para no raspar las rodillas.

El camino se hace largo, la vista en alto, mirada al horizonte, los pies van uno tras otro, jugando “a que te cojo ratón”, pero nunca se alcanzan. Tus ojos no siguen tu caminar porque ellos dicen no ser dignos de mirar al suelo, tus pies danzan y las piedras y pliegues van desandándose bajo ellos, las sonrisas de una grata compañía salen de tu boca.

El pie derecho se eleva a dos milímetros del suelo, golpea con la acera que en ese preciso sitio se elevaba seis milímetros, la punta del recubrimiento que el pie lleva para protegerse, se contrae, se ensancha nuevamente y hace que el cuerpo vibre, la rodilla se dobla, el pie izquierdo buscará ser equilibrio, pero usted deberá hacer con el mayor de sus esfuerzos cerebral, que no lo sea, la rodilla izquierda debe doblarse también, acompañar a la derecha en esa danza interminable, el cuerpo debe inclinarse en un ángulo de sesenta grados hacia el frente, las manos deben soltar lo que se tenga en ellas e ir acompañando la inclinación del cuerpo, luego de uno punto tres segundos, verás como ambas manos chocan contra el suelo, los codos también lo harán y sentirás un leve ardor, las rodillas caerán, el golpe será espectacular y la sonrisa de quien te acompaña sonará como un concierto de Pavarotti en la sala de tu casa, habrá ardor en las rodillas, un pequeño orificio en el recubrimiento de tela que va sobre tu piel de las piernas. Con una sonrisa y la cara colorada, te pondrás de pie, esperando nuevamente volver a repetir este procedimiento una y otra vez.

miércoles, 3 de junio de 2009

La chica de los dulces.

Cuando yo tenía diez años ya llevaba un año más o menos viajando solo de mi casa al centro de la ciudad. En esa época apareció en el bus que viajaba una niña, digo yo que tendría unos ocho o nueve años.

Era bella, una tímida sonrisa, cabello largo y castaño, piel trigueña, ojos claros, tal vez verdes. Ese día subió sola, saltó la registradora y ofreció tres dulces, uno por cien, tres por doscientos, papá me daba siempre dinero para los pasajes, otros dos mil más para comer y unos trescientos para comprar dulces, una de mis más grandes adicciones. Compré la promoción, ella me miro a los ojos y me sonrió mientras me recibía el dinero, por esos días no la volví a ver. 

Dos meses después realizaba yo el mismo viaje, la niña volvió a subir, su ojo derecho iba pintado con un color morado, se había caído pensé, ofreció el mismo dulce, yo volví a comprarle y ella volvió a sonreír. 

Encuentros esporádicos cada dos o tres semanas, a veces subía con algún moretón, jugaba mucho, pensé, pues yo muchas veces también llevaba mi piel lastimada, lo único que se me hacía extraño era que muchas veces fuese la cara la que tuviera herida. 

Mi vida avanzaba, yo llevaba de vez en cuando ropa nueva, mientras ella muchas veces la vi con la misma ropa, meses duraba con ella. Yo seguía comprándole los dulces. 

Hoy, casi diez años después, la encontré nuevamente, llevaba una camisa amarilla, ojeras prolongadas y gigantes, su cara triste, hoy noté algo en ella, su aspecto físico había cambiado y una barriga la adornaba, era firme, ella me miró, una lágrima salió de sus ojos, me entregó los dulces, a doscientos, dos por trescientos, cuatro por quinientos. Saqué el dinero y le pagué, ella hizo su rutina y se sentó a mi lado. 

-Mucho gusto, Andrea- dijo

-Mucho gusto, JuanSe, hoy no sonreíste-le dije.

-Ya no quiero sonreirte.

-¿Por qué?

-Te vi crecer, me viste crecer y me gustabas pero era imposible.

-¿Por qué imposible?-le pregunté.

-Porque vos sos rico y yo no, además siempre me dio pena mi aspecto- dijo.

-Yo te veía los moretones y siempre pensé que te los hacías jugando.

-Pues sos muy inocente- dijo- fui maltratada, siempre, golpeada y hasta violada.

-Lo siento- le dije.

-No, no lo sentís, es solo lavarte las manos por algo que no te produce ni lástima, a ustedes los ricos no les duele nada. Me voy.

-Pero deja tu resentimiento, además no soy rico…

 

Me dejó con la palabra en la boca, se bajó del bus y nunca más la volví a ver.

viernes, 29 de mayo de 2009

Las Seis Palabras "Amor Prohibido"

Rayuela me dejó tarea: Seis palabras para armar un texto: vida, amor, literatura, sexo, cine, viaje.

 

-¿Será amor esto que siento?- pensó ella mientras trataba de conciliar el sueño. 

-Me lleva doce años de ventaja, es prácticamente una vida.- pensó él mientras estaba con unos amigos en su casa del árbol.

Ella era su maestra de literatura y le gustaba su clase, amaba sus lentes de pasta negra, su cabello negro y su sonrisa, su sonrisa era algo que lo enviaba de viaje a todos esos paisajes que describían muchos de los libros que ella les ponía a leer como tarea, tenía 28 años y llevaba ejerciendo su profesión hacía dos años. Él era un alumno de último año de secundaria, cabello oscuro, lacio, un poco largo, dos ojos grandes y verdes que adornaban con una sonrisa el paisaje que a ella rodeaba, tenía 16 y era el mejor alumno que tenía, tal vez al que más futuro le veía, a veces hasta pensaba que sus escritos eran pequeñas declaraciones de amor, luego lo comprobó. 

Era la tarde de un martes, a la última hora le tocaba verse con él. Él llegó más temprano que el resto del grupo, se acercó a ella, le entregó un chocolate, la miró fijamente a los ojos y ella sintió mariposas, era penetrante su mirada, la llevaba a imaginarse las cosas más prohibidas y sexuales que podrían pasar por la mente de alguien que se ha enamorado con el tiempo. Ella le entregó su mano, tomó la de él y le pidió que la besara, él accedió, al fondo se escucharon los pasos del resto del grupo que se acercaba con lentitud por ese tedio que a muchos les genera la literatura.

Llevaban ya varias semanas desde ese martes, hacían lo mismo, él llegaba más temprano que el resto del grupo antes de sus clases, se besaban y a veces organizaban citas en la biblioteca o en algún café para sumergirse en profundas conversaciones literarias, amorosas y alegres. 

Él le había contado que ella era la primera mujer de su vida, ella le fue sincera y le dijo que por la suya habían pasado muchos hombres, pero que ninguno la había llenado tanto, ni le había generado tanta curiosidad.

Luego de tres meses en la misma tónica, ella lo invitó al cine, tenía preparado algo para él, tal vez sería la primera vez de él, era la primera vez que ella organizaba algo para pasar un día con un hombre y luego sumergirse con él bajo las sábanas.

Llegaron al cinema, pidieron que les dieran asientos en la última fila, tratando de así pasar desapercibidos, pero realmente estarían a la vista de muchos en ese lugar. No les importó. Fueron a ver una película de esas que hacen reír y llorar, en un momento, ella lo besó, tan profundo que él sintió mariposas en el estomago, ella metió su mano en su espalda y empezó a hacerle cosquillitas con sus uñas, sabía que eso lo excitaba, él metió su mano entre los pantalones de ella, pasó la tanga y llegó a su sexo, se fundió y se ahogó en los mares que éste desprendía. No terminaron la película, fueron a su casa, donde los esperaba una gran cena, una cama adornada, olores sabrosos. 

Pasaron la noche juntos, se fundieron en grandes abrazos y grandes sueños. Al amanecer, ella le dijo que se marchara, que no lo quería volver a ver, él pensó que fue por su inexperiencia, ella le dijo que no se preocupara, todo estaba bien. Ya había hecho los papeles para su traslado, no se lo había dicho, nunca se lo dijo, hizo su maleta y se marchó hacia otro pueblo a buscar otro joven ingenuo al cual enamorar, en busca de ese vértigo que le producía tener sexo con sus alumnos.

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Después de publicado, debo dejarle las palabras a seis amigos, para que ellos hagan lo propio.


Yo se las dejaré a: Amarilla (Cartas Urgentes), Eliza (Perfectamente Perturbada), Lu (Todo en esta vida son letras), Lauri (Un Montón De Caras Y Ni Una Mirada), Caco (Entre Farragos), Cromosome (Cinemas Sin Vidas) y a Leon que aunque no lo conozco sé que quiere hacer este ejercicio (Un Día Azul)

sábado, 23 de mayo de 2009

Cromagnón

*Dedicado a Callejeros.

 

Y desde el cielo me observaba y tan solo sentía como él sonreía mientras yo hacía mi vida. Sentía como retumbaba en mis oídos la melodía de esa canción de Árbol que reza “…Y dale para adelante con el pibe de a la vuelta que a la tarde te pasó a visitar…” 

Yo no puedo hacerlo, no me siento capaz, este chico me gusta, pero maldita sea, cuanto tiempo, cuanto tiempo ha pasado y vos seguís ahí presente, aun tengo en mi piel las marcas de aquel día.

30 de diciembre, todo estaba perfecto, vos estrenabas tatuaje para ese día, lo habías hecho para ti, pero pensando en mí, estabas en la tarima como siempre, sentado frente a ese aparato inmenso que siempre sacaba lo mejor de vos, ese lleno de tambores y platillos, ese que a mi me gustaba que interpretaras luego de nuestras grandes tardes de amor, cuando sudabas tanto como cuando te mezclabas con mi cuerpo y lo abrazabas y lo recorrías totalmente con tus dedos, labios y cuerpo.

Ese día, todo perfecto, era un gran concierto que esperabas dar. Tengo nervios, me dijiste, yo te tranquilicé, te besé y te deseé lo mejor, sonreíste. Todo iba perfecto. Unas banderas en alto, unas bengalas salieron de la nada, algo pasa, te miré, te busqué en la multitud, no estabas, el lugar empezó a incendiarse, tal vez me buscabas y no me encontrabas.

Uno, dos, tres, salían de a poco por una puerta que alguien logró abrir, las salidas de emergencia estaban cerradas con cadenas, te vi sobresalir entre la gente, llevabas a unos chicos en hombros, saliste del sitio, yo estaba ahogándome en el humo, te vi cargar en hombros a más chicos, tu cuerpo tatuado sangraba, se veía tiznado por el contacto con barrotes y paredes calientes, tu objetivo, sacar y salvar a cuantos más pudieras.

Mis ojos empezaron a cerrarse, me ahogaba, no respiraba, alguien cargó mi cuerpo, yo ya tenía lacerada mi piel, me alegré, iba a salir, me llevaban en hombros. “Mujeres y niños primero utopía de cuentos en altamar, la fuerza se impone por sobre la debilidad”… eso pasaba, las mujeres éramos las que quedábamos, al menos a mi alrededor habían otras 12 chicas y tres chicos, todos tratando de salir. Nos ahogábamos, me descargaron en el suelo, mi cuerpo estaba un poco borracho, sentía que la cabeza me pesaba, vos sacabas gente, sacaste a todos los chicos que estaban conmigo. Me besaste, me diste aire, lleno de humo de tus pulmones, pero me diste aire, un beso, recitaste las palabras que hoy, no se me olvidan, “siempre te dije que era tu héroe, hoy te salvé la vida, disfrútala al máximo, es una oportunidad que se te presenta, te amo”, tus ojos se cerraron y nunca más volvieron a abrirse. Grité, lloré, los chicos se acercaron, te sacaron en hombros, como lo que eras, un héroe. Le ayudaste siendo uno más de las estadísticas, pero ayudaste a que no fueran más escandalosas de lo que fueron.

Hoy los chicos lamentan ese día y desean haberse ido con vos, pero siguen acá, cantando las canciones que más te gustan, siguen haciéndonos felices, yo te recuerdo, llevo el tatuaje que te hiciste para ese recital y no soy capaz de volver a hacer mi vida sin vos, sos mi héroe y por eso no soy capaz de darle para adelante con ese chico, tal vez “…Cuando termine me mando para allá…”

 

Canciones citadas:

*El Fantasma-Árbol

*Los Tiburones-Attaque 77

*Día a Día-Callejeros.

martes, 19 de mayo de 2009

Incondicional

*Foto de mi archivo personal

Me senté en el parque, en la misma banca de siempre, llevaba tiempo sin hacerlo, un poco de nostalgia me llenó, sentía como alguien me observaba, yo escribía y recitaba, hablaba solo, dirían otros.

Ella, la mujer que me observaba, se acercó, se sentó a mi lado. Era hermosa, cabello corto, pañoleta verde que lo ataba y lo rodeaba, una camiseta del mismo color de la pañoleta y un jean.

-Hola- Dijo.

-Hola, ¿Cómo estás?- pregunté.

-Muy bien.

-Mucho gusto, JuanSe- dije.

-Mucho gusto, Uvita, ¿a qué te dedicas que te veo hablando solo?- Preguntó.

-Soy escritor, soy poeta, soy tan rutinario como el amor y tan eterno como una canción grabada en un Cd.

Ella sonrió.

-O sea que sos poeta.

-Si, ya te lo dije.

-¿Y podés hacerme unos versos?

-¿Ya?- pregunté.

-Si- respondió ella.

-Está bien, dame un segundo. Eres tan bella como un rojo atardecer en las playas del atlantico, tan dulce como un beso en el mar mas profundo, tan perfecta como una escultura expuesta en un museo, tan inalcanzable como las estrellas en el cielo.

Alejo se sentó a mi lado, traía dos coca colas, una para él y la otra para mi, me vio hablando con ella y sus ojos se llenaron de tristeza.

-JuanSe, es hora de volver.- me dijo.

-¿Volver? ¿A dónde?- pregunté.

-Al hospital mental.

-¿Dónde es eso?

-Donde vives.

-Y ella ¿puede acompañarnos?

-No.

-¿Por qué?

-JuanSe, ella no existe, es una alucinación.

-¡O sea que según vos yo estoy loco!

La voz se le quebró.

-Parce,-dijo- sinceramente me duele verte asi, pero lo cierto es que has perdido la razón y vos te sentaste en esa banca mientras yo compraba las coca colas, cuando volví estabas hablando solo, hoy salimos a caminar al parque para que tomaras aire nada más.

-Pero si ella se acercó es porque le gusto, le parezco interesante.- le dije.

-JuanSe, ella no existe. 

Me enojé y con rabia me marché, lo dejé ahí solo en el parque, Uvita me alcanzó, me tomó la mano y se quedó a vivir conmigo.

viernes, 15 de mayo de 2009

Manos Frías

“Hoy quisiera sentir la lluvia cayendo sobre mi piel, demostrarle a todo el mundo lo que soy capaz de hacer, Quiero hacer llover” gritó. El día estaba soleado, 30º marcaba el medidor de temperatura que hay en el puente que siempre pasa a las 10 de la mañana los jueves. De repente, justo después de que pronunciara éstas palabras, el cielo se nubló y empezaron a caer a goticas de esas que pellizcan, esas que mojan pero a la vez no lo hacen, lluvia menudita, bajó del bus, quiso caminar, sentir la lluvia cayendo sobre su piel. Lloró. 

Desde el día que perdió la razón, nada había deseado, recordaba con odio y dolor ese momento, era un día parecido a ese que estaba viviendo, sol quemando su cuello, gotas de sudor que salían debajo de sus brazos y mojaban su camisa y un amor que lo abordaba y lo hacía vibrar. La llamó, el lugar, el de siempre; Su apartamento en las montañas de la ciudad, allá donde nada los molesta, donde se sientan a ver la ciudad moverse, los carros danzar y el humo hacer estragos con el cielo y convertirse en nubes que luego descargaran su ira contra el hombre, como lo han hecho los últimos días que hasta han inundado las calles y han derrumbado casas.

La amaba, si, la amaba, su cuerpo le encantaba; habían llegado al apartamento, ella se quitó la ropa, se quedó con la tanga y el sostén, él tambien se puso cómodo, se quedó en ropa interior. Fue a la cocina por un par de bebidas frías, ella estaba en el balcón, miraba hacia abajo, sus curvas se marcaban perfectamente, puso una en su espalda, ella se estremeció y su piel se erizó, le encantaba hacerle eso cuando tenía algo frío en las manos. Conversaron, hicieron el amor incansablemente, el calor de sus cuerpos subió demasiado, sudaban y se perdían el uno en el otro.

Ella se quedó desnuda, volvió al balcón, el sol seguía brillando en el horizonte, él fue a la cocina nuevamente, la miró de espaldas, una lágrima corrió por su mejilla, puso una mano fría en su abdomen, fue subiendola, le acarició y le besó el cuello.

-Te amo- dijo.

-Yo tambien- respondió ella

-Sabes, estuve pensando y me di cuenta que no sabría qué hacer si me llegaras a faltar.

-No pienses en eso- dijo ella.

-No lo puedo evitar y mucho menos puedo dejar de pensar qué pasaría si me dejaras y te viera con otro, prometeme que siempre pensarás en mi.

-Te lo prometo, hasta el día que me muera.

Sus manos estaban frías, la izquierda en el abdomen de ella, la derecha le cortó el cuello de un solo tajo. Ya no pensará en nadie más, pensó.

domingo, 10 de mayo de 2009

Madrid, Vino y Un Piano

Cuando llegué a Madrid y vi la Puerta de Alcalá abrirse ante mi, quise perderme en esa ciudad, la sentí tan mía como mi natal Primavera.

Papá siempre había querido que estudiara en algún conservatorio de piano europeo, yo lo único que le pedí fue que no fuera en la zona norte, no quería eternidades de oscuridad.

En el aeropuerto me esperaba una especie de nerd, primera decepción; el joven se sorprendió al verme, mi cresta, mis camisetas y pantalones de colores lo asombraron tanto que cuando me acerqué y lo saludé me preguntó por JuanSe, que si yo era algún acompañante.

Llegamos al conservatorio, era una casa vieja, olía a la casa de la abuela, primer estornudo.

Tomé mis maletas, seguí al nerd hasta mi habitación, aquí los estornudos iban en doce.

La habitación constaba de una cama, un escritorio, un piano y un closet. Yo te extrañaba.

Extrañaba tu sonrisa, tus ojos pequeños y oscuros, tu cabello corto.

La había dejado luego de dos años de relación, yo le dije que quería crecer a su lado y que iba a mandar por ella. Treinta estornudos.

Las reglas del conservatorio apestaban, salida al baño en las mañanas y en las noches, comida llevada al cuarto y salida del cuarto cada sábado en la mañana.

No soporté más de dos días allá, yo quería ser como Fito o Charly y al ver al ñoño que me recogió, noté que podría convertirme en uno como él, u otro de los chicos que habitaban la casa, que eran igual a ese.

Me instalé en un hostal, conseguí trabajo como pianista de un bar, me iba a convertir en un bohemio, al menos hasta que Uvita llegara. Seiscientos estornudos.  

Me volví un afiebrado seguidor del Vinotinto, dejé el hostal, dormía en cualquier parte, muchas veces en el bar, tenía gente que gustaba de mi música y daban propinas que me ayudaban a vivir. Yo te escribía, te musicalizaba y te cantaba. Eran gritos de extrañarte. Te llamaba todos los días, tú estabas ahí. Mil quinientos estornudos.

Era jueves, llovía, te extrañaba, te escribía, te llamé, estabas rara.

Me dijiste que estabas saliendo con alguien, que yo llevaba dos meses lejos y que te sentías sola. Rompiste la relación, con ella se fue mi corazón. El vino se convirtió esa tarde en mi fiel aliado. Mi alucinación empezó a abordarme, me sentía perseguido, entré en un edificio y subí hasta la azotea, me paré en el borde, cuando iba a saltar, alguien me abrazó, era ella, dijo que la soledad la hizo comprar unos tiquetes y que solo había jugado un poco con la llamada al celular, que se vino, había vendido todo, dejado todo, me besó y no volví a estornudar.