jueves, 11 de febrero de 2010

Un Adiós y un Gracias

Luego De Un año y medio alojado en blogspot, quiero dar las gracias a éste por prestarme el servicio, hoy parto, pero contento y agradecido por todo lo que hicieron por mi... me alojaré de ahora en adelante en Wordpress, tal vez como una jugada de un sueño personal que siempre he tenido y éste es el primer paso.

igual, seguiré leyendolos a todos y los recomendaré en ese otro blog.

la dirección es la misma: http://juansems.wordpress.com


espero visitas y comentarios al respecto por allá tambien...

un abrazo

y gracias a todos por todo...

viernes, 5 de febrero de 2010

Don Fidel

A Cata...

Cuando Andrea llegó a ese apartamento, recordó la frase que le habían dicho por teléfono.

“Subes tres pisos y luego doblas a la izquierda, en el apartamento del fondo, te va a abrir una mujer de unos treinta años llamada Carla, quien es hermana mía”.

Tocó la puerta y esperó a que ésta se abriera. Carla, sorprendida por la figura de la enfermera, la miró, su cuerpo esbelto, cabello rubio, labios rojos, minifalda, tal vez sacada de una película, la invitó a seguir y le dio todas las indicaciones sobre su padre, quien había sufrido un derrame y había perdido la movilidad de su lado izquierdo.

Mientras caminaban por la casa, Carla le iba mostrando uno a uno los lugares, además de darle los horarios para las pastillas de su padre y la dieta que éste debía seguir.

-Si ves algún indicio de mejoría, me llamas a mi o a mi hermana.- le recalcaba a cada instante.

Andrea afirmó, mientras dejaba a Carla en la puerta, quien iba retrasada para el trabajo.

Fidel, como se llamaba el padre de Carla, estaba postrado en su cama, cuando Andrea se paró en la puerta para mirarlo más detalladamente, él la miró fijamente a los ojos azules que alumbraban en su cara y sonrió, tal vez con picardía, tal vez con ese deseo cumplido de algún día tener una enfermera que pareciera las que había visto en revistas y películas extranjeras, esas sexys enfermeras que despiertan en muchos hombres esa hambre de mujer perfecta que muchas veces quieren.

Ella sonriente, lo saludó con una leve venia de su cabeza, él con un gesto le dijo que se acercara, ella accedió y él con su cabeza le señaló el libro que había sobre la mesa de noche, ella lo tomó, quitó el separador, se sentó al lado izquierdo de la cama y empezó a leerle.

Don Fidel escuchaba esa melodiosa voz que cada vez más lo iba metiendo en la historia, tal vez valió la pena la espera para una nueva enfermera; Andrea seguía leyendo. La imaginación de Don Fidel era demasiado grande y se había imaginado las cosas más sexuales con ella, pero viéndose en la condición que estaba le parecía imposible.

Andrea sonreía mientras leía, se paró, fue por una pastilla, la puso en la lengua de Fidel y le dio varios tragos de agua para que éste bebiera y se tragara la gragea, volvió a sentarse y siguió leyendo, la cabeza del anciano seguía maquinando cosas, entre otras imaginaba si bajo la falda de ella habitaba la tanga roja que siempre en los disfraces de halloween habían puesto y de repente empezó a mover su brazo izquierdo.

Ella, asustada por el movimiento del brazo, pensó que era tal vez normal, pues era un poco torpe y tosco, siguió leyendo tranquilamente, Don Fidel sonreía, empezó a subir por la pierna con su mano izquierda mientras miraba de reojo el recorrido de la misma, Andrea se preocupó por el movimiento y quiso llamar a Carla, pero desistió cuando vio que el anciano volvía a quedarse quieto.

La mano de Fidel volvió a empezar la marcha, empezó a excavar bajo la falda hasta encontrarse en la entrepierna de ella, de reojo miró lo que cubría su sexo y vio ese leve destello rojo pasión que alegraba el panorama, lo hizo a un lado y empezó a mover lentamente los dedos, con la velocidad que éstos recientemente recuperados le permitían, Andrea no dijo nada, simplemente disfrutó.

lunes, 1 de febrero de 2010

Historia de un Triangulo.

Nota: Ésta historia nace como burla a todas las declaraciones sobre las causas del terremoto ocurrido en Haití y por ende, al ser una burla, tiene unos cuantos errores geográficos, para así hacerlo mucho más incoherente que lo que han dicho al respecto.

Cuando nací, fui condenado al destierro o al menos fui rechazado rápidamente por el resto de personajes que hacían parte del club de los dioses, pues era hijo de Poseidón y Hera, si, fui algo así como el fruto de los cuernos que le puso la mujer del dios de dioses con su hermano. Y por eso, cuando se hizo la repartición de bienes o de dones entre los dioses, a mi me correspondió hacer algo tan simple que me encomendó papá en un sitio especifico del mundo, además de ser condenado a la gula insaciable, donde iba a tragar y a tragar a todo ser humano o aparato construido por él, que se me acercara.

Al principio fue fácil, no era sino sacar mis manos a la superficie y ellos se rendían poco a poco ante mi fuerza y terminaban siendo devorados por mi. Pero luego de unos cuantos miles de siglos y años, todo fue cambiando, la tecnología, los aparatos construidos por el hombre y el mismo hombre, cosa que me pudo agradar, porque de las embarcaciones de madera se pasaron a unas de materiales más sofisticados y lo mismo los aparatos, que ya volaban tanto por el cielo como por el mar y a veces era difícil agarrarlos, pero fueron un delicioso manjar para mi paladar.

Pero esto trajo malísimas consecuencias para mi, pues el chisme de que era imposible pasar por mis territorios, que comprendían cerca de un millón de kilómetros cuadrados, se había regado por el mundo tan rápidamente que pronto fueron disminuyendo los platos de comida, hasta desaparecer.

Asi fue que en más de ciento veinte años no probé bocado y no supe qué hacer, pensé y pensé tanto que me cansé y tuve que esperar algo nuevo que me ofrecieran, o alguna embarcación perdida que cruzara por mis territorios, porque era de la única manera que me podía alimentar muy esporádicamente.

Un día, en medio de mi tedio, me fijé en una isla, olvidada por todos, tanto como África, donde Rá hace de las suyas, donde la gente se muere de hambre, los ricos son siempre más ricos y los pobres cada vez más pobres, donde el agua potable no existe, donde las guerras civiles abundan y donde los extranjeros van a hacer de la lujuria su más grande tradición, en jurisdicción de mis predios, prácticamente una vecina mía, que realmente no le hacía falta a nadie.

Decidí empezar por ella mi pensamiento expansionista y como algo que nunca había hecho en mi vida, decidí desabrocharme el cinturón y fue cuando salió un poco a relucir algo que estaba guardado por siglos y siglos, pues ese simple acto movió el piso en Haití, por lo que hice de la destrucción de una isla, mi más grande alimento, ya que la corriente trajo hombres, barcos y demás cosas que pudieron hacer parte alguna vez de la infraestructura de ésta isla que hoy en día tiene gracias a mi, la atención del mundo puesta sobre ella y hoy en día, mientras me termino de acomodar aun sigue sufriendo rigores que traen consigo todos mis movimientos con tal de volver a captar la atención del mundo y sobre todo de alimentarme.

miércoles, 27 de enero de 2010

La revolución de Facebook

“Diez millones de colombianos queremos ver al presidente uribe viviendo con un minimo”, “Queremos ver viviendo a Uribe con un mínimo”, entre otras, éstas son las cosas que me estoy acostumbrando a ver a diario, invitaciones que me llegan por montón, de algunos chicos revolucionarios que hacen revolución por internet, ¿ah? A ver, ¿entendí bien? ¿Por internet?

Mientras en Bolivia, Ecuador y Perú derrocan presidentes cuando están inconformes, salen a las calles y defienden sus intereses, en Colombia, creemos que creando un grupo en Facebook estamos haciendo revolución. Críticas, protestas, grupos de trescientas mil personas que supuestamente son detractores de las políticas del gobierno, pero que a la hora de la verdad no están haciendo nada. Todos, tal vez esperando tener la misma acogida que el chico que creó la marcha en contra de las FARC, intentan hacer lo mismo pero para buscar derrocar las políticas del presidente, tratando de mostrar su inconformismo por las decisiones en pro del “crecimiento” de la calidad de vida de los colombianos y que para nadie es un secreto que han sido un error.

Porque, nadie está de acuerdo con que el salario mínimo haya subido quince mil pesos (7.5 dólares), mientras que los productos alimenticios subieron un 10% y en mi caso personal, los impuestos me subieron en un cien por ciento.

Además está claro que según la famosa frase de “el que no sea cristiano ni uribista, no es colombiano”, si vos sos detractor de las politicas del gobierno, corres el riesgo de la censura y en muchos casos si eres capaz de levantar la voz, puedes ser asesinado por los ultraderechistas que desde siempre han estado al lado de nuestro “amado” presidente. Y ya se ha demostrado que ni por Facebook podés hacer revolución porque van a buscar al administrador del grupo y lo van a encarcelar por delitos que en Colombia no son delitos.

Imaginemos que los trescientos mil Colombianos que hacen parte del grupo en facebook, de los cuales doscientos mil son mayores de edad, salen a las calles a hacer una protesta en contra de lo paupérrimo que fue el incremento salarial respecto del aumento en los costos de los demás productos básicos, ¿creen que les podrían prestar atención?, pues claro, porque serían el clamor de un pueblo y así podrían hacer que otros tantos detractores se animen y con eso podrían contar su revolución, porque el miedo se da, si es uno solo el que sale a protestar, pero si son trescientos mil, ¿van a matar a los trescientos mil?, eso sería un genocidio, aunque en Colombia, de genocidios sabemos también bastante.

martes, 19 de enero de 2010

Cyber Voyeur

Llevaba tres años viviendo solo, en un apartamento que había comprado con ahorros del sueldo que devengaba mes a mes.

Era una noche de esas en las que conciliar el sueño era tan difícil como muchas veces en las que no podía pegar el ojo para nada, prendí el computador buscando en mi adicción a las camaras web online y mi onanismo ese somnifero que me ayudara a encontrarme con onírico rápidamente.

Entré a la pagina habitual que muchas veces me había calmado esas ganas que podría tener y busqué una pareja que estuviera transmitiendo, preferiblemente latinos, el chat me excitaba más cuando podía entender sus comentarios. Los ví, eran compatriotas mios, les pregunté la ciudad y resultaron ser de la misma mía, estaban enmascarados, ambos oscilaban entre los cuarenta y los cincuenta años, pero realmente estaban tan bien, que mi cuerpo empezó a reaccionar de una manera que no esperaba al ver a alguien de tanta edad ante mi. Porque generalmente buscaba parejas jóvenes.

Empezaron seduciéndose, unos cuantos besos, sonrisas y caricias que iban excitandonos de a poco, la sala se iba llenando y yo seguía participando activamente, pidiendoles qué hicieran algo; ellos, quienes vieron en mi su primer amigo para conversar, se compenetraron tanto conmigo que solo hacían lo que yo les iba diciendo.

Se quitaron la ropa de a poco, empezando por las camisas y dejando los pantalones para jugar un rato, yo seguía ensañado en desnudarme mientras me excitaba cada vez más, tecleaba cada vez más rapido y sentía como mi cuerpo se erizaba poco a poco, ellos siguieron con la ropa interior, de a poco fueron quedando completamente desnudos y preguntando qué más hacían. Yo sin saber qué decir, nunca había tenido el control de éste tipo de situaciones, les dije que hicieran lo que quisieran y vieran que era viable para el momento.

Un poco de sexo oral, algo que me excitó aun más, verla a ella tan mojada y a él tan excitado, hacían que la velocidad con la cual me masturbaba yo aumentara, posiciones para éste tipo de placer que yo nunca había conocido y ellos sin embargo lo hacían como los más expertos, pese a su edad. El primer orgasmo se empezó a hacer real en el rostro de él, ella aun faltaba poco, pero no detuvo lo que se le venía en la boca, su cuerpo mojado por la eyaculación de él y yo cada vez más excitado y esperando qué mas seguía, yo estaba cerca pero aún no acababa, ya iban veinte minutos de transmisión y de estar conectado a ellos, él, empezó a penetrarla, poco a poco, lentamente y de vez en cuando iba subiendo la velocidad, el extasis de ella se reflejaba en su cuerpo que se estaba tensionando, eso era lo que más me excitaba, ver una mujer en ese momento de climax, entre la penetración y el orgasmo, ahí mi velocidad se hizo mayor, sentí como mi cuerpo se fue erizando y al ritmo de ellos, sentía como si fuera yo quien estuviera acabando en ella, él, tambien se fue erizando, habían pasado tan solo diez minutos, desde esa primera vez que tuvo su orgasmo y ya fue suficiente, terminaron, se besaron y se pararon frente a la camara, yo agradecido me fui vistiendo, ahora si el cuerpo me pesaba y me pareció justo irme a dormir, alguien en la conversación les pidió que se quitaran las máscaras, ellos accedieron, cuando lo hicieron, vi que eran mis padres.

lunes, 11 de enero de 2010

Fiesta brava en Sirian

Escuchar Canción: http://www.youtube.com/watch?v=oe1rkqOmbuo


Cuando llegaron a Sirian, El Juli, Bolivar y Mendez, lo hicieron en el mismo carro, fueron bajados de ahí y dejados en el hospedaje, cada uno en su habitación.

Su sorpresa fue grande, era tal vez la primera vez que iban y se hizo aun más grande porque les jugaron una especie de broma, pues llegaron con los ojos vendados y así los llevaron hasta el hospedaje. Faltaban dos días para el gran día, el debut en la plaza de ésta ciudad que poco a poco iba tomando importancia dentro del mundo, pues se diferenciaba de otras ciudades, por la gente y el espectaculo del cual disfrutaban, cosas que habían oído de bocas de otros que visitaron Sirian hacía poco tiempo.

Esperando que las luces se prendieran, empezaron con su instinto a recorrer la habitación, haciendo uso del sentido del tacto empezaron a sentir el suelo, había un poco de arena esparcido en él, El Juli, quien tal vez era el más grande y recorrido de todos, con los dedos ceñidos a la pared guíaba su caminar.

-Es una habitación de dos metros cuadrados. ¿Cómo así? Esto no fue lo que nos prometieron.-se dijo a sí mismo.

La oscuridad que había y la perpetuidad que se respiraba en el ambiente era indescriptible, sabían a soledad y encierro. Unos pasos se oyeron en el pasillo y la puerta de la habitación de El Juli se abrió. Escuchó una fuerte respiración acercarse, una mole de algo así como quinientos kilos lentamente se movía hacia él; mientras El Juli le decía que le prendieran la luz, sintió el zumbar de una daga de acero que al hacer contacto rapido con su recubrimiento, salía de éste.

El golpe fue seco, cuando despertó, estaba un poco adolorido, algo en sus hombros pesaba y sentía unos punzasos que le acompañaban el caminar con cada paso. Tocó su cuerpo, había rastros de unas heridas, pero estaban muy bien cubiertas y selladas, para que no se notara mucho, cuando llegó a los pies, miró como éstos veían atados por un par de alambres con púas que le lastimaban aun más. Quiso examinar el peso de sus hombros, tenía algo amarrado a ellos, que intento remover, pero no pudo, eran algo así como cien kilos que iban atados directamente a su cuello y que no se elevaban del piso, cosa que cuando lo hicieran o de pronto se cortara, la estrangulación se hiciera inminente.

La arena empezaba a enfriarse, la noche estaba llegando, desnudo como lo habían dejado, herido y con hambre, El Juli pensaba qué estaba pasando. ¿Será que a los demás les habrán hecho lo mismo? Se preguntaba, intentó gritar, pero en su cuello encontró un dolor tan indescriptible, causado por la garganta seca que hacía mucho rato había tomado su ultima gota de agua. ¿Cuánto tiempo habrá pasado? Seis horas, doce, no sabía. Volvió a sentir los pasos, la misma corpulencia, la misma respiración, algo dijo mientras le acariciaba la cabeza, no le entendió, porque en Sirian el idioma era distinto y nunca habían hablado ni oido nada de él y esperaba que el interprete que habían acordado fuera quien les hiciera el puente entre el idioma español y el Sirian. Las manos del personaje que le tocaba la cabeza fueron bajando y untando un poco de gel en sus ojos, El Juli se sintió cansado, refrescado y adormecido.

Al otro día, cuando despertó, se vio en una habitación más grande, el aire para respirar era más aún, arriba suyo sentía pasos, muchos pasos que podrían describir que le habían jugado una broma y que ya estaba en la plaza, para hacer lo que mejor sabía hacer, Torear.

En otra habitación, Capacho, como llamaban a quien se encargaría de la faena, se ponía su traje de luces, bajaba a la capilla y le rezaba a su diosa para que le protegiera y no fuese a salir agredido. Capacho era de color oscuro, con una sonrisa gigante se puso su sombrero, tomo su sable en el brazo izquierdo tapado por el capote rojo y amarillo que le daban la elegancia qué siempre lo había caracterizado, salió al ruedo.

Saludó extasiado con una sonrisa que le corría de oreja a oreja, escuchaba su presentación, El Juli volvió a sentir como se iba acercando la misma corpulencia, quien volvió a tocarle los ojos con ese gel, quien lo condujo a otra habitación, cerró la puerta tras él y lo puso frente a otra compuerta mientras le quitaba el peso que se había hecho más liviano en donde estaba y los alambres de los tobillos.

Las puertas se abrieron, el sol empezó a entrar por la compuerta, El Juli simplemente sentía como le ardían los ojos, pues sus pupilas estaban demasiado dilatadas, salió, intentando ver algo, lo borroso que se le había puesto la vista lo hicieron pensar que le habían echado cera en los ojos, solo distinguía al fondo un color rojo que resaltaba con la luz del sol. Empezó a correr, se dirigía hacia él con toda velocidad, anhelando poder contarle todo.

Las gradas llenas de toros de todo tipo, de todas las edades, se llenaron de euforia y alegría al ver correr a El Juli en dirección al capote, disfrutaban uno a uno los movimientos de Capacho, mientras El Juli se cansaba cada vez mas y no entendía por qué el rojo carmesí cada que se acercaba, se movía y se posaba tras él. Cuando cayó en cuenta, después de varias vueltas así, vio que le estaban haciendo lo que le hacían a los toros que él lidiaba, pero para cuando reaccionó, fue demasiado tarde, Capacho se había puesto sobre él, había desenfundado su sable y se acercaba rapidamente para atravesarlo y acabar con su vida.

lunes, 4 de enero de 2010

Yo Soy Camilo Y Mi Vida Es El Rock

Para Ver El Video Que Dio Pie a Éste Comentario da click acá: http://www.youtube.com/watch?v=il_hrGLTyCM

Salí de mi casa a mis vacaciones de fin de año y cuando volví me encuentro con que hay unos chicos, rockeros ellos, que quieren hacer una protesta en contra de un comercial, que hoy en día no me explico por qué quieren hacerlo. Según ellos enfocados en denigrar del rock, se ha mostrado a éste género o estilo de vida como algo sin futuro, jóvenes que no estudian y que no se realizan, y es por eso que invitan a quejarse dentro del enlace en video que hay alojado en youtube y luego de ver esa ridiculez fue prácticamente que decidí hacer esto.

Si, admito, soy rockero, hace doce años soy rockero, me criaron con esa música y con eso viviré y seguiré por siempre y hoy en día luego de haber vivido la cultura rock durante mucho tiempo, no entiendo porque acá muchos rockeros, siguen dándose ínfulas de mártires, que este país que no apoya, que éste país que nos denigra, que la cultura, que no se que, pero señores seamos claros, en ningún momento en el comercial se está hablando mal del rock, simplemente cuentan la historia de Camilo, alguien que cuando joven tenía unos ideales de Rockstar y que aseguró su futuro en la empresa que ofrece los servicios en el comercial y se aseguró poder crecer como persona, obteniendo estudio, especializaciones, casa y otras cosas más, porque al final tuvo que verse adaptándose a un modo social dentro del mundo para poder sobrevivir, porque si hay algo claro es que en Colombia, del rock, vivir es casi imposible. Igual, en el comercial lo único que hacen, al menos si uno tiene mínimamente, como dice mi madre, cuatro dedos de frente, es decir que, si quiere tener su vida de rockstar asegúrela para que pueda vivir tranquilo.

Además de esto, en el video en youtube, nos encontramos con que muchos de los personajes que se quejan se las dan de decir que los rockeros son una sociedad avanzada, que se quitó el velo de los ojos y que es más culturizada, pero lo que se ve, en los comentarios, son reflejos vacíos y poco claros de todo lo mal tomado que han tenido el rock muchos de los que hoy día tienen acceso a él, pues si quieren mostrar cultura, insultando no es la manera viable de hacerlo, tampoco lo es atacando o amenazando. Camilo, el pobre Camilo, es simplemente un reflejo realista de lo que es la vida de un rockero en Colombia, pues conozco la historia de varios en Medellín, mi ciudad, que llevan años en el rock y tienen sus bandas y podría decirse que son famosos, pero tienen otros empleos diferentes porque aquí uno se muere de hambre, ya que Colombia es uno de los pocos países del mundo donde la piratería es legal, por mucho que aparezcan comerciales diciendo que no es así. A nadie van y le revisan el computador para ver cuanta música bajó de taringa, ares u otros servidores de descarga y que sirven para compartir archivos de todo tipo.

Entonces señores, si se van a quejar, háganlo de una manera respetuosa y eso si, háganlo cuando los irrespeten, pero no salgan con cosas que realmente no tienen claras. Y si de pronto son de los que piensan que pueden vivir del rock o contribuir a que alguien en Colombia viva del rock, entonces compren los discos de las bandas nacionales originales, que en serio el esfuerzo y el gasto es muy grande, para que luego encuentres el disco siendo vendido a dos mil pesos en las afueras de un concierto de tu banda y que el señor se lleve más créditos y más dinero que vos que fuiste el que pagó la producción, la grabación y la edición del disco.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Noche en vela

Llevaba más de cinco años trabajando en San Juan, un pueblo a cinco horas de Primavera, su ciudad natal.

Rubio y de ojos claros, alto, tal vez la única herencia que tuvo de su padre italiano que vino por la guerra y dejó abandonada a su madre cuando se enteró del embarazo.

Salió del trabajo, se encontró con Manuela, la hija del alcalde, que contaba con un físico espectacular, cabellera oscura, ojos claros, piel trigueña; dialogaron, pues se había convertido en el sicólogo y consejero de ella y otros cuantos más habitantes del pueblo, ella con sus veinticuatro años encima y él rondando los treinta y cinco, buscaron un bar donde entraron y se tomaron un par de cervezas.

El barman lo conocía y le sonrió, miraba con complicidad como entre él y ella había cierta cercanía que tal vez nadie se atrevía a entablar, por el respeto que él les profesaba. De a poco pasaron de cerveza a una botella de aguardiente, como para entrar en calor. Manuela pese a ser tan pretendida y respetada por todo el pueblo, sentía cierta atracción por él y esperaba que ese fuera tal vez el día en el que todo tomara un nuevo rumbo, pues las visitas que llevaban frecuentando durante más de seis meses a escondidas de su padre no pasaban de unos cuantos besos, pero a ambos se les notaban las ganas que se tenían.

Solo bebieron dos tragos de la botella que habían pedido cuando decidieron pararse e irse, le pagaron la cuenta al barman y salieron tranquilamente cruzando el parque del pueblo e internándose en la casa de él.

Apenas cruzaron el umbral y ya ella estaba encima de él, le quitó la camisa entre besos en el cuello, él se sonrojó, pero siguió los pasos de ella, le desanudó el vestido a flores que llevaba puesto, Manuela quedó en tanga, pues sus senos juveniles no necesitaban de un sostén para verse bien erguidos, y la excitación los hizo tornar de un color más rosado del que acostumbraba, poco a poco fue ocupándose del pantalón de él hasta dejarlo en ropa interior, que rápidamente también pudo despojar.

Él la miraba excitado, empezó a recorrerla con la lengua, desde el cuello hasta la punta de los pies, cada que lo hacía ella erizaba uno a uno sus poros, en el exterior empezó a llover, así que el frío que se filtraba por la ventana erizó ambos cuerpos que poco a poco se fundían el uno en el otro.

La lengua de él se posó en el abdomen de Manuela, que gemía de solo sentir como se mojaba mientras él seguía bajando con su lengua y su aliento por su cuerpo, poco a poco siguió bajando y en el momento en que llegó a su sexo, sintió como se arqueaba su espalda, los gemidos de ella se agudizaron un poco más. Mientras ella gemía, él se excitaba cada vez más, el reloj sonó, eran las tres de la mañana, pero siguió con su labor, ella lo disfrutaba cada vez más, no sabía de donde agarrarse por la excitación.

Cuando la penetró, Manuela sintió que algo le bajaba por la columna, su cuerpo se tensionó, erizada desde las mejillas hasta los pies, fue incontrolable la sensación que experimentaba en ese momento, él seguía con sus movimientos leves y delicados, procurando que ella disfrutara al maximo del orgasmo que estaba viviendo, ella seguía cada vez más tensa, era extraño, pero lo gimió y lo gritó tan fuerte, que pensó que la escucharían en la casa del alcalde y saldrían a ver qué habría pasado.

La noche fue su fiel compañera, entre orgasmo y orgasmo se fueron consumiendo los minutos de ambos, para ese momento el gallo empezaba a cantar con los primeros rayos del alba, él miró el reloj, eran las cinco y veinte de la mañana, exhausto por toda la noche que había tenido, le dijo a Manuela que debía ir a trabajar, que podría quedarse durmiendo otro rato. Ella accedió, mientras él se daba una ducha.

Fresco, luego de haber tomado el baño, se puso ropa limpia, su sotana, se tomó un café y salió a abrir la iglesia para que la gente entrara a la misa de seis de la mañana.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Bella Durmiente

Había salido del instituto en un horario poco usual para mi. Había pasado todo el día allá clavado, entré a clase a las seis de la mañana y eran las siete de la noche y apenas estaba encontrando el rumbo a casa.

Luego de caminar unos quince minutos desde donde estudio hasta donde debo tomar el colectivo que me llevara de vuelta a casa, llegué y me topé con una fila un poco grande.

La espera fue de casi diez minutos hasta que llegó la ruta que utilizo y me deja frente a mi urbanización. Me subí en el colectivo y era tal mi cansancio que apenas me senté, caí profundamente dormido.

De repente en medio del camino desperté, miré a mi alrededor, aun faltaban cerca de veinte minutos de camino hasta mi casa, a mi lado se encontraba una chica rubia, de ojos azules, con sus mejillas de color rosa y un vestido azul con el cual supuse que iba a trabajar; me miró a los ojos, yo la miré entredormido, ella me sonrió y yo le devolví el presente.

Volví a caer en mi profundísimo sueño, creo que hasta soñaba y hablaba dormido, porque el cansancio era demasiado. De un momento a otro volví a despertar, me faltaban cerca de quince minutos para llegar, pero el tiempo dormido hizo parecer como si hubiese dormido una hora o más. Miré a la chica a mi lado, ella tal vez se había contagiado de mi profundo sueño y estaba disfrutando de su onírico momento también.

Ya dormir se me hizo un poco difícil, pero en mi adormecimiento con el que quedo siempre que tengo sueño tan profundo, pensaba si ella se iba a parar antes que yo, si de pronto se pasaría y así poco a poco me fui imaginando donde viviría, que hacía, cuales eran sus peliculas favoritas. Ella seguía durmiendo tranquila y profundamente. Ni siquiera la despertaba el timbre del colectivo que sonaba muy duro, como si fuera una alarma de despertador.

Cada vez me iba acercando más y más al sitio donde debía bajarme y ésta chica seguía durmiendo, así que pensé en despertarla de una manera sutil para no ir a incomodarla. Abrí la ventanilla a su máximo nivel y el viento entraba con una violencia que pensé la despertaría, pero simplemente hizo que ella se acurrucara más en su saco de pana.

El colectivo empezó a subir la loma que desemboca en mi urbanización y cada vez era más inminente tener que bajarme y despertar a la chica, no supe que más hacer, así que opté por besarla, me incliné sobre ella, puse mis labios sobre los de ella, ella despertó de un golpe, sonrió, me miró.

-¿Qué haces?- preguntó

-Nada- le respondí.

-Entonces, ¿Qué fue eso?

-Nada, yo me quedo aquí y no sabía como despertarte.

Toqué el timbre, me paré y me bajé del colectivo mientras ella me miraba por la ventana y se iba cada vez más extrañada por mi modo de despertarla.

martes, 8 de diciembre de 2009

Sacrificio

Foto: JuanSe

A las siete de la noche, como se lo había dicho, estuvo en casa de ella, el auto que había escogido para recogerla era perfecto pues así estarían ellos dos solos, sin la intromisión de alguien más. Ella se subió al carro, lo saludó con un beso en la mejilla, un abrazo y una sonrisa, él le sonrió también y le dejó a su disposición el ipod para que ella pusiera lo que quisiera.

Empezaron a subir las lomas de Primavera, la ciudad cada vez se alejaba más y dejaba un tono anaranjado a sus espaldas, entraron en un edificio que ella no conocía, en un sector que no conocía, cerca al centro comercial más exclusivo de la ciudad. Lugar al que ella solo había ido en un par de oportunidades.

Bajaron del carro y entraron en el ascensor que se abría con una llave especial y que para subir al piso tocaba introducir la llave para que desbloqueara el numero del apartamento de él en el teclado, él tímidamente intentó tomarle la mano, ella sonrió, no pensó que fuera tan inocente, pese a las intenciones que se le notaban, pues según le habían dicho el día que lo conoció, solo buscaba acostarse con las mujeres que le llamaban la atención.

Todo empezó con la comida, luego se sentaron en la sala a conversar y conocerse mejor, mientras la noche seguía avanzando y las sonrisas amenizando la pequeña reunión que tenía lugar en el apartamento. Él sacó una botella de vino de la licorera, lo sirvió, y tambien un paquete de velas que iban a cumplir con ese ritual digno de los habitantes de Granada, en el cual sacrificaban el fuego y las velas en honor a Dios para iluminar el camino y determinar así el inicio de la navidad.

Los tragos fueron acrecentándose y poco a poco iban haciendo su efecto, él estaba un poco ebrio ya y ella de igual manera también lo estaba, cuando empezaron a buscar sus labios y juntarse de a poco, él metió la mano bajo la camisa de ella y ella no lo dejó adentrarse más, algo de rabia se vio en sus ojos, empezó a usar la fuerza, la tomó de los brazos, le rasgó la camisa y la acostó en la cama, ella se oponía, pero la fuerza de él era mayor, pues su cuerpo esculpido en el gimnasio daban prenda de eso.

Pronto la tenía desnuda y él también ya lo estaba, ella viendose acorralada pero victima de violación por un borracho, estaba tan asustada que la borrachera le bajó y la dejó con el más grande estado de sobriedad que jamás habría imaginado. Dejó que él le hiciera todo lo que pensara, pero su mente estaba divagando, recordando cosas que la habían atormentado en la infancia, el maltrato de su padre, el abandono del mismo. Cuando él hubo terminado lo que tanto esfuerzo le causó, se metió entre las sábanas de seda y satín, acostado al lado de ella y allí se quedó dormido.

Ella dolida por todo lo que le había causado, hizo su propio sacrificio, buscó la llave en el bolsillo del pantalón de él, tomó una botella de whiskey de la licorera, la vació sobre la cama, tomó un encendedor y le prendió fuego, salió del edificio con su ropa hecha pedazos, paró un taxi y se fue.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Alborada

Nota: El treinta de noviembre como es tradición ya, se celebra la Alborada, esa “fiesta” de bienvenida a diciembre que se hace a las doce de la noche y que consiste en llenar de luces el cielo de la ciudad dando a conocer tal vez la alegría del llamado mes más alegre del año.


Maria Paula estaba sentada afuera de su casa, ubicada en la zona más humilde de la ciudad de Primavera.

Su casa era de madera, tablas pegadas una sobre otra con clavos, cimentada en unos palos un poco gruesos que iban clavados en el suelo y que daban cierto grado de seguridad, el techo era una mezcla entre láminas de metal y telas largas de plástico que impiden la filtración del agua cuando llueve, allí vive con su padre, su madre, su abuelo y sus cuatro hermanos menores.

Maria Paula hasta hoy contaba con ocho años de edad, era una niña alegre, limpia y educada pese al lugar qué habitaba en la ciudad, caracterizada ésta por el analfabetismo de la gente de sus zonas marginales.

Eran las once de la noche y pese a que el resto de su familia estaba dormida, ella seguía sentada en la puerta, esperando que la alborada comenzara, la acompañaban su muñeca de cabello rubio y vestido azul y unas chanclas rosa que descansaban en el suelo, porque Maria Paula, cuando mamá se dormía, se las quitaba para deambular por ahí y sentir el frío del barro amarillo bajo sus pies, cosa que le causaba esa risa tierna y característica de una niña de su edad.

Las doce llegó, Maria Paula se sentó apenas escuchó la primera explosión y empezó a ver como las luces empezaban a inundar el cielo de su ciudad, explotaban sobre su cabeza y ella sonreía, le gustaba tanto la subida como la caída de esas luces que luego de explotar en miles de colores caían como brasas anaranjadas y se posaban alrededor y tras el cuerpo estupefacto de ella.

Iban pasando poco a poco los primeros minutos del primer día de diciembre, Maria Paula seguía sonriendo contenta, cuando un grito le interrumpió su alegría, tras ella, su casa se incendiaba y con ella su familia, las brasas anaranjadas que caían del cielo y que le generaban tanta alegría, le estaban generando la mayor tristeza de su vida, esa noche, Maria Paula, luego de sonreír durante diez minutos, lloró el resto de su vida.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Boom

A Lu, Sebas, July, Alejo y Danii...


Recibí la primera llamada cuando eran las nueve de la noche, estaba sentado como es costumbre los sabados en el mismo parque, en el mismo sitio, rodeado de gente desconocida, pero esperando que llegaran mis amigos.

-¿aló?- contesté.

-¿Dónde estás?- preguntaron.

-En el parque.

-Parce, ¿qué fue lo que pasó?- preguntó al otro lado Lu.

-¿de qué o qué?

-Parce, que hay una persona con una bomba en el parque.

-Pues acá no ha pasado nada.

-Ah bueno, ahora subo.

Colgué y seguí mirando la gente que estaba a mi lado, tomé el libro y me acomodé, cuando volvió a sonar el celular.

-¿aló?- contesté.

-¿Qué más parce?- preguntó Alejo al otro lado.

-Bien, acá en el parque.

-¿Qué? Y ¿qué fue lo que pasó?

-¿acá? Nada. Todo está tranquilo.

-No parce, ¿que hay alguien con una bomba allá?

-Otro, pues realmente acá no ha pasado nada.

-Ah bueno. Yo creo que ya voy para allá.

Volví a colgar, un sorbo más a la malta y seguí leyendo. El celular volvió a sonar.

-aló- contesté

-¿Qué más parce?- preguntó Sebas al otro lado.

-Bien, ¿vos?

-Bien, Ey ¿qué fue lo que pasó?

-¿Otro con lo de la bomba?

-¿No pasó nada?

-Nada, acá no hay nadie con una bomba.

-Ah bueno, entonces ahora hablamos, ya voy.

Colgué, me tomé otro sorbo de la malta, apreté el botón y exploté junto con el parque.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Estrellas en las manos V

A un Fantasma de Estrellas en las manos que quiere mojarse bajo la lluvia...

Tal vez el caminar de un sábado a las once de la noche se ha vuelto tan tradicional en la vida de ambos que en uno como hoy, acompañado por la lluvia que empezó a caer alrededor de hace media hora, vemos por la ventana como cae y amarga todos los planes que teníamos.

Su casa empapada por las gotas que eran de un tamaño increible para ser cierto, pero reales ya que el cielo podría estar desquitandose de tanto tiempo que estuvo sin enviarnos lluvia, por ese calor eterno al que nos tenía condenados.

-Si tan solo no estuviera lloviendo, quien sabe donde estaríamos- dijo.

Yo la miré, le besé el cuello, vi como se erizaba su piel, sonreí y seguí mirando por la ventana.

-¿Y quién dijo que no podíamos salir?- le dije.

-¡Mira ese aguacero!- me increpó ella.

-¿Y qué?, no pues que querías mojarte un día de estos, hagamoslo.

-¿Si? Y después es culpa mía que te enfermes, no, ni riesgos, yo no quiero que vuelvas a enfermarte.

-Relajate.

La tomé de la mano y la invité a pararse, me quité el buso y abrí la puerta.

-¡Ah! ¿Y es que vas a salir sin buso?- me dijo.

-Dios, busqué una novia y me gané una mamá- respondí.

-Maldito- Fue lo único que se atrevió a decir mientras sonreía.

Salí, sentí como las primeras gotas mojaron mi cabello, le extendí la mano derecha, ella miró mi estrella, sonrió.

-¿Estás seguro?, acuerdate que sufres de asma.- dijo ella.

-Como dice Aladdín “¿Confías en mí?”- le dije.

-Si.

-Entonces vamos.

Su mano izquierda, con su estrella dibujada, busco la mía, la impulsé a la calle de un jalón, se acurrucó en si misma al sentir el frío de la lluvia cayendo en sus hombros, me miró, me besó.

-¿En la cancha?-me preguntó

-Si, no es lo que siempre has querido, vamos y nos sentamos en la mitad- le respondí.

Ella alegre sonrió. Ya acá nuestras camisas estaban totalmente mojadas y el cabello de ambos chorreaba a montones, llegamos a la cancha, nos sentamos en la mitad de la cancha, entre besos y abrazos, nos acostamos y empezamos a mirar para el cielo, sintiendo como las gotas caían sobre nosotros sin parar, sin compasión. Los besos fueron cada vez mejores, las estrellas que estaban en las manos y que se habian unido en nuestro caminar, habían dejado nuestras palmas azules porque el agua las había desteñido, paró de llover, y ahí dejamos de mirar por la ventana y de imaginarnos todo, para salir a caminar en esa noche fría como era costumbre los sabados a las once de la noche.

sábado, 31 de octubre de 2009

Decisiones

A Un Gran Amigo

Basado en las canciones: "Decisiones" de Rubén Blades (primera Estrofa) y "Angel Sin Sol" de Grito

Esa noche, fue como todas en las que hacía frío y ambos encontraban en sus cuerpos desnudos unidos bajo las sábanas la razón para estar erizados y excitados, mientras calmaban lo congelados que podrían estar. Llevaban dos años de un noviazgo envidiable, lleno de sonrisas, chocolates, sorpresas, flores, una relación chapada a la antigua, con poemas en papel que ambos se escribían, canciones, abrazos, besos profundos y noches donde ellos sabían disipar el frío con calor. Cada que esto ocurría hacían el amor hasta cansarse, se fundían el uno en los brazos del otro y acababan dormidos en la misma cama. La madre de ella pese a siempre haber estado en desacuerdo con que durmiera en casa de él, había aprendido a entenderlo, pues muchas veces se quedaban hasta muy entrada la madrugada juntos y era peligroso que ella saliera para su casa sola.

Luego de esa noche pasaron varios días, algo indicó que cuando fundieron sus cuerpos en uno solo, algo había pasado, fue tan profundo el encuentro, que la vida empezó a formarse en el interior de ella, donde poco a poco el fruto de ese amor, iba creciendo. Ambos, llenos de miedo, esperaban a que algo indicara lo contrario, pues a sus veintiún años, tal vez eran aun muy jóvenes para afrontar el tener que criar un hijo, pero pese a esa inexperiencia, tal vez llenos de ese amor que siempre los movía y que los había llevado a apoyarse y darse ánimos en todo momento, decidieron afrontar el hecho y seguir adelante.

Ahora la situación está en cómo contarle a los padres, pues están completamente seguros que muchas cosas cambiarán de ahora en adelante y lo más viable es que terminen en el altar.

Luego de que nada cambió, la decisión se hizo cada vez más fácil, los dos habían decidido seguir adelante, pese a la intervención de la madre de ella, donde el consejo era que no fuesen a cometer ese error, que habían opciones, que ese niño iba a sufrir mucho si llegaba a la familia, pues la inexperiencia era lo que primaba en la vida de los dos.

Pasaron dos meses, la barriga de ella empezó a crecer, poco a poco era más visible el embarazo y aún más los consejos de su madre, donde le seguía repitiendo que no era necesario que se amargara la vida desde tan joven. Ella hacía caso omiso.

Él estaba feliz, compraba camisetas de sus bandas favoritas en colores infantiles, para así ponerle, fuera niño o niña, a su bebé, preparaba la habitación en el apartamento que sus padres le habían regalado cuando tenía diecinueve y donde se suponía iban a vivir, porque el matrimonio estaba a la vuelta de la esquina. Se podía quedar toda una tarde acostado en la barriga de ella que crecía cada vez más, a los tres meses ya era gigante y él sonreía al compás de las canciones que le cantaba, eran felices.

Un día, él por motivos de trabajo, tenía que alejarse de la ciudad, pero prometió llamarlos a diario, a ella y al bebé, para saber como seguían, ella admitiendo esa distancia, lo dejó partir, con lágrimas en los ojos, pero segura que debían hacerlo.

Así fue, él llamaba a diario, pero al tercer día de su ausencia, ella no contestó el teléfono, ni el celular, ella simplemente no contestó. Se empezó a preocupar, pero igual se tranquilizó, alguna cosa, un paseo, se fue de la ciudad, dejó el celular. Al otro día, volvió a llamar, la mamá contestó y dijo que ella no estaba y que había dejado el celular, a él le pareció extraño, pero siguió tranquilo.

Luego de ocho días fuera de la ciudad, volvió a su casa, esperando encontrarla a ella y a su bebé igual que cuando se había ido, pero no fue así, la encontró acostada en una cama, sin la barriguita, todo se había ido, lo único que hizo fue romper en llanto y salir corriendo de ahí, mientras quería borrar de su mente la imagen de ella asesinando a su propio hijo por consejos de la madre.

sábado, 24 de octubre de 2009

Escopolamina

Me subí en el Metro que había recién llegado a la plataforma, Uvita me acompañaba, ibamos a tomar café a Junín, en esas un empleado del Metro entró en el vagón, se me acercó y dijo mi nombre.

-JuanSe, tiene una llamada en el centro de atención de la estación.

Extrañado le dije a Uvita que me esperara y salí a atender la llamada.

-¿Aló?- dije.

Al otro la voz de mi papá reaccionó – ¿Con quien hablo?- preguntó.

-Con JuanSe, tu hijo.

El sonido al otro lado de la linea se distorsionó, sentí que le quitaban la bocina.

-Buenas- dijo una voz femenina.

-Si, aló- respondí.

-Mire, por lo visto éste hombre que está acá con nosotras es su papá, porque en el celular tiene anotado su numero como “JuanSe Hijo”, él dice no recordar nada y anda con un bolso negro y unos papeles.

-No puede ser, lo sedaron para robarlo.

-Lo más posible es que sea así. Dice no recordar nada.

-Bueno, entonces no lo dejen ir, yo voy por él.

-Listo, estamos en la estación San Antonio.

-Está bien.

El tren había iniciado el recorrido hacía ratos y Uvita me había hecho señas de que me esperaba en la estación siguiente a donde yo estaba hablando por telefono, colgué extrañado, pensando en por qué el telefono del metro fue el que sonó y no mi celular.

Llegué a Envigado, la siguiente estación y empecé a buscar a Uvita, subí hasta las registradoras y no la encontré, cuando iba volver a bajar me encontré de frente con mi papá. Traía una camisa amarilla, un pantalón anaranjado, unos zapatos negros bien lustrados, todo nuevo, una cadena que pendía de su cuello con un dije en forma de corazón, me extrañé, ahora si creía que estaba sedado. Papá siempre vestía de jeans, tennis para montar en patineta y camisas manga larga, lo unico que le quedaba de su atuendo habitual era el bolso negro.

Me le interpuse en el camino.

-Pa, a ¿donde vas?

-Joven, dejeme pasar.

-Viejo, en serio, ¿qué pasa?

-Nada, deme permiso que debo ir a entregar esta plata y el billete negro a mi hijo.

-Pero si yo soy tu hijo.

-Se lo voy a llevar a tu hermano mayor.

-Viejo, yo soy tu hijo mayor.

Cuando ibamos llegando a McDonalds del Metro, unos chicos estaban ahí sentados.

-Mira, es tu hermano- dijo.

-Viejo, él no es hermano mío, a vos te sedaron para robarte.

Él medio reaccionó, yo lo abracé, el ladrón vio que yo estaba ayudandole a papá, sacó su arma, papá se agachó porque le agarré la cabeza y salimos corriendo, se escucharon tres disparos, yo sentí dos chuzones, uno en la espalda y el otro en el brazo izquierdo.

Un policía se enteró y se nos acercó, los ladrones se atrincheraron en el local comercial. El policía pidió refuerzos, llegaron cerca de ocho policías de los alrededores, planearon su estrategia, yo seguí con papá, ellos entraron por el cinema así saldrían por la parte de la cocina de McDonalds y podrían aprehender a los ladrones. Se escucharon muchos disparos.

Papá volvió en sí, cuando la adrenalina se me bajó de la cabeza me vi sangrando en el brazo, con mucho dolor y sin poder moverme.

-¿Qué te pasó?- preguntó papá.

-Nada, un par de disparos. ¿Vos cómo estás?- le dije yo.

-Bien. Un poco atontado.- sus ojos se llenaron de lágrimas.

-Relajate, ¿cuanta plata se llevaron?

-No se, acá en el bolso están los ocho millones de pesos de mi cuenta y los dos de la cuenta de tu mamá.

-Ah bueno, al menos no se perdió.

Sentí un chuzón profundo, la respiración se me aceleró y empecé a perder el aire, papá empezó a llorar y a gritar que me iba a morir, en esas llegó Uvita y me vio tirado ahí tambien, ella se le agregó a papá en las lágrimas. Yo cada vez sentía más la perdida de aire. Hablar me era imposible, solté un suspiro gigante, mi cuerpo ya se estaba yendo y desperté.

martes, 20 de octubre de 2009

Fantasía en el metro

Eran las once de la noche, terminé de bajar las escaleras del metro, miré hacia la plataforma y estaba vacía, solo una chica esperaba conmigo.

Cabello oscuro que caía hasta los hombros, piel canela, ojos claros, tanto como la miel, su cuerpo esbelto, senos medianos y redondos, caderas anchas, su ropa no me gustó pero la hacía ver atractiva, su combinación generaba impacto, pero porque el verde de su blusa y el rojo de su buso no siempre se ven bien juntos.

Yo seguí caminando hacia el final de la plataforma, ella me siguió con la mirada, el reloj marcaba las once y tres minutos, llovía a cántaros, me detuve, ella me miró fijamente y disimuladamente se me acercó.

-¿Aún pasan metros?- preguntó.

-Si, creo que aun faltan dos- dije.

Ella me sonrió y yo le devolví la cortesía con una también.

Llegó el metro, subimos en el mismo vagón, estaba vacío, yo me quedé parado y ella se paró a mi lado, saqué el libro y empecé a leer.

-¿Qué lees?- preguntó.

-Un libro sobre espionaje- respondí.

-¿y por qué la pasta es una entrepierna de una mujer?

-No sé, también narran escenas de sexo, en lo que se basa el libro es espionaje utilizando involucrarse con el espiado.

-¡Qué bueno!

Yo sonreí, ella también, se abalanzó sobre mí e intentó besarme.

-¿Hasta que estación vas?- preguntó

-Hasta la última- le dije.

-¡Qué bien!, yo también, o sea que aún tenemos tiempo.

-¿Tiempo? ¿Para qué?

-Pues no se, di tu, haz lo que quieras, yo te cumplo cualquier fantasía.

-¿Segura?- la miré, ya mi mente se había empezado a enturbiar.

-Totalmente.

La tomé de las manos, me fijé quien nos acompañaba y al fondo solamente estaba un borracho dormido, medí el tiempo y aún me faltaban doce estaciones para llegar.

-No puedes decir nada porque nos pueden descubrir.

-Está bien, no pierdas más tiempo.

Sus manos me abrazaron, su boca buscó la mía, me llegaba al pecho, entonces tenía que esforzarse un poco para llegar a ella, no la dejé besarme, le quité los audifonos y el buso, subí sus manos al tubo y la amarré de las muñecas ahí con ellos,

-Oh, te gusta dominar, sigue- decía excitada- desnudame.

Cogí mi lapicero y empecé a chuzarla poco a poco.

Ella seguía disfrutándolo. Volví a poner la mano en el bolso y encontré mi bisturí.

-Cierra los ojos- le dije.

Ella los cerró.

Empecé a recorrerla con el bisturí, ella se erizó con el frío de la cuchilla. Abrió los ojos y se los tapé nuevamente. Empecé a rasgar de a poco la piel de sus brazos con cortes suaves, ella se asustó y abrió los ojos.

-¿Qué me haces?- dijo.

-Tranquila, yo se lo que hago, además me dijiste que podía hacerte lo que quisiera.- respondí ofuscado.

-Pero me haces daño.

-Es cierto y aun falta- le dije sonriendo.

-No- gritó.

El borracho abrió los ojos, miró la estación en la que ibamos y se bajó.

Rasgué y rasgué su piel de los brazos, los cuales sangraban mucho, pues repetía cortes uno encima de otro, ella seguía desesperada.

-Soltame- gritó.

Subí la hoja del bisturí y le empecé a rasgar el cuello.

-No me vas a tocar la cara- gritó

-Relajate.

Mi mano no se detenía, subía el bisturí del cuello hasta la frente, se detuvo en el parpado y empezó a rasgarlo, tres cortes y ya era profunda la herida, ella gritaba aun más. Faltaban dos estaciones, el tiempo se me acababa.

-Te va a coger la policía- me dijo.

-Eso esperas- sonreí irónico.

Tomé mis audifonos, me puse a su espalda y empecé a besarle el cuello.

-Uy, pensé que se te había olvidad lo que te propuse- decía gritando mientras se erizaba.

-No, relajate.

Puse los audifonos alrededor de su cuello mientras la besaba, empecé a hacer presión, ella forcejeaba, seguí apretando, el verde de mis audifonos resaltaba en su blusa. Ella se ahogaba.

-Es lo unico que te mereces por perra- grité.

Sentí que su cuerpo se soltó, ya había hecho lo que quería.

“En esta estación el tren termina su recorrido, gracias por utilizar nuestro servicio”- dijo la voz del tren.

Guardé mi bisturí y me bajé del tren. Dejandola a ella colgando del tubo.