viernes, 13 de marzo de 2009

Porque te amo

Dedicado a Vos.


Yo la miraba y lloraba mientras lo hacía. Ella estaba frente a mi, con el cuchillo entre las manos, también lloraba, también me miraba.

-¿Qué pasa?-Le pregunté.

-Nada, simplemente me dio- respondió.

-Ah, y entonces ¿por eso me vas a matar?. Porque te dio-

-No, JuanSe, te voy a matar porque te amo, porque no puedo soportar estos celos que me matan, que salgas a trabajar y yo me mate de la angustia pensando que estas con otra, que yo me mate de la angustia pensando que no me sos fiel, pensando que estas quien sabe haciendo qué con otra mujer.

-Pero linda, si tú sabes que vivo solo por vos, trabajo por vos y estoy siempre pensando en vos, ¿como podés decir eso?.

-JuanSe, es algo que me carcome la cabeza y mejor te mato para estar segura que no vas a volver a preocuparme, porque estaré segura que no me vas a ser infiel nunca y que vas a estar solo para mí.

Se abalanzó contra mi, sentí como el cuchillo entró en mi pecho una, dos, tres veces, sentí como fue apuñalándome de a poco, yo gritaba, inmóvil la veía como desgastaba su rabia contra mi, el cuerpo que antes amaba y al cual me juraba que no sería capaz de hacerle daño, hoy lo acababa, lo desfiguraba, lo apuñalaba sin más.

Sentí como mi piel se desgarraba, mamá me golpeaba para que despertara, yo gritaba sin más, me miré el pecho y realmente no tenía nada, estaba tranquilo, solo un poco de sangre que salió por la nariz como siempre que tenía alucinaciones.

-¿estás seguro que no querés tomarte las pastillas?- me preguntó.

-Seguro- le respondí. Y volví a coger el libro para seguir leyendo.

viernes, 6 de marzo de 2009

Despersonalizacion

Encontré en la gaveta una gran cantidad de drogas, tranquilizantes, ¿Cómo pudo hacerlo? ¿Ya no confiaba en mi?, Yo, lloraba inconsolable, gritaba y maldecía sin parar, buscaba algún indicio de lo que la impulsó a hacerlo, el corazón latía muy fuerte y yo no hallaba nada qué decir.

Ella se despertó, era extraño, supuestamente había acabado con su vida, despertó y volvió a romper en llanto, yo la miraba ahí sentado en el borde de la cama, del lado de ella, la miré y le acariciaba el costado derecho, sentía sus curvas, que aún seguían intactas, pese a que ya la edad estaba haciendo de las suyas, yo había perdido hacía rato mi figura. Pero igual ella me amaba y yo tambien. Acariciaba su costado, bajaba hasta la cadera y volvía a subir, ella volteó, me miró, su llanto paró un rato y una sonrisa salió de sus labios. Tal vez le sorprendió verme alli, te amo tanto, dijo, no sabes cuanto, yo creo que por eso es que estás asi, tal vez es por eso que tomé esta decisión, yo asentí, volvió a voltearse, siguió llorando, tomó el teléfono e hizo una llamada.

-Buenos días, para denunciar un homicidio.-dijo ella.

-Si, el de mi esposo.

Tiró su brazo como para abrazar a alguien, yo me asombré y ella gritó y siguió llorando, me paré y me vi ahí, acostado en la cama a su lado, no respiraba, estaba casi morado.

lunes, 2 de marzo de 2009

Chocolate

Siempre la veía pasar en la escuela, su cabello rubio, sus ojos verdes, zapatos color rosa, tan rosa como su piel, a veces los cambiaba de color para que hicieran juego con su ropa de otros colores, solo porque sabía que los colores resaltaban demasiado con su piel y si eran ácidos mucho más, porque su piel combinaba con todo.

Esperaba los recreos para observarla, ella pasaba siempre con dos amigas, era las únicas con las que hablaba de todas las que estudiaban con ella, se sentaban en el mismo muro, mirando hacia el mismo mural, escuchando música que cargaban en sus celulares, un poco de punk rock no estaba mal.

Yo esperaba ansioso nada más que ese ritual que la caracterizaba, luego de un rato del recreo, ella sacaba un chocolate de su bolso, lo desenvolvía, lo ponía entre sus dedos, esperaba a que se derritiera y luego de un rato los chupaba hasta acabarse el chocolate que casi liquido estaba en ellos.

Llevaba mucho tiempo viéndola, me gustaba, la retrataba casi a diario, siempre en técnicas distintas, prosa, poesía, cuentos, canciones, frases, sueños, pero de alguna manera lo hacía. 

Un día ella estuvo en el mismo muro, con las mismas amigas, la misma música, pero sin el chocolate; yo ya sabía cual era su favorito, así que fui a comprarle uno y le escribí una nota, se las llevé y entre mi pena se la entregué y me alejé casi corriendo.

Ella dejó que el chocolate se derritiera  en sus dedos, se lo comió y luego sacó papel y lápiz, escribió algo y sonrió, una de sus dos amigas se me acercó con una sonrisa en su cara y me entregó, la nota, ésta simplemente decía: “Gracias por el chocolate y especialmente por sentarte a diario a mirarme, a escribirme, a retratarme, espero ser tu musa eternamente. Uvita”.

viernes, 27 de febrero de 2009

uVe

-No creo en el destino- me gritó.

-Igual, si vos no lo hacés yo si, y estoy seguro que el destino nos tiene deparado algo para el futuro- le respondí.

Estaba mirando una pelicula de esas que nominaron al Oscar, la gran opcionada y la más decepcionada, la que hablaba de ese amor eterno entre una niña y un anciano. Yo reparaba en silencio, nada más que recordando promesas, versos, sueños, silencios, tardes, noches a su lado. Tardes y noches y días en las cuales el cielo empezaba a cubrirse sin ninguna espera, sin ninguna contemplación y desbordaba esos colores que se movían en todas las gamas de azules y verdes.

Recordaba los catorce años, cuando llamaba a despertarte y con una sonrisa preguntaba lo obvio, si me había despertado, y yo sonriente y somnoliento le respondía que no, ella simplemente sonreía. Fue cosa de varios años, recordaba sueños, abrazos, conversaciones hasta entrada la madrugada, era la ultima voz y la primera que escuchaba en vacaciones, ella, simplemente sonriente, un amor infantil, ni tan infantil, que iba derrochando alegría e inspiración en un joven que a veces no recordaba nada y otras veces recordaba todo.

Te escribí algo, era algo que muchas veces le dije, ella sonreía, y me pedía que se la cantara, era imposible, yo no tenía voz, mi voz solo salía en el papel, nada más. Así nos comunicabamos, ella me hablaba y yo simplemente respondía.

Recuerdo que mamá fue feliz cuando vio que inventaron la video llamada, porque asi yo podría escuchar las llamadas y a traves del mensajero podía responderle en letras. Ahora el hecho de no poder hablar no era un impedimento. Fue asi como aprendí a escribir, como empecé a reflejar mis sentimientos en letras, luego llegó a mi vida ella, una persona hermosa, que siempre ha estado ahí, sin importar nada, sin importar mi estado, ella ha visto mi progreso y ha valorado eso.

Mi enfermedad es de nacimiento, “el niño no va poder hablar”, mamá tal vez sintió como el cielo se le derrumbaba encima, pero papá la animó y simplemente le dijo, le enseñamos a escribir, asi se puede comunicar.

Luego con el tiempo, aprendí a hacerlo, y poco a poco fui retratando mi vida en letras, fui pintando el mundo con el color de mis lapiceros y fui llenando mi vida de ese mismo color, alegre y sensible, asi era como me definía siempre.

Luego de un tiempo hablando con esa chica, unos dos años, entre besos y abrazos a través del mensajero y la videollamada, quise mostrarle mi inspiración, y la invité a salir, solamente para escribirle una canción.

Ese día llegó, fue en abril, llegué y su mamá me abrió la puerta, hola Juan, me dijo, yo sacudí la mano e hice una reverencia en tono de respeto, ella miró a su hija con cara de extraña, ella me conocía y siempre pensaba que yo era muy callado, salimos con Uvita a caminar, ella con un buso morado que aún recuerdo, yo iba con una camiseta a rayas azules y negras, el cabello organizado y ella con su olor característico que siempre me había gustado, comimos un helado y volvimos a su casa, donde hablabamos, ella con su voz, yo con mi cuaderno le respondía, me acosté en su pecho y empecé a escribirle, la canción que le había dicho, “Quiero Besarte” se llamó y ella accedió.

El día terminó espectacular, yo salí para mi casa, y me propuse aprender a hablar. Imitar los sonidos, pero el hecho de que no tuviera cuerdas vocales impedía que lo pudiera hacer.

Hoy luego de tantos años, unos 10 aun la sigo escribiendo, y la recuerdo en esta sala de cine y quiero abrazarla y quiero besarla, hoy luego de tanto tiempo de escribirla y que ella disfrute mis besos, solo recuerdo esa conversación que tuvimos y que nos alejó, y aun recuerdo esas palabras que dijo.

-No creo en el destino.

-Igual, si vos no lo hacés yo si, y estoy seguro que el destino nos tiene deparado algo para el futuro- le respondí.

Hoy luego de diez años de esas palabras, cuento con ella, está ahí, se preocupa por mi y vive a mi lado. Y aun no puedo hablar.

viernes, 20 de febrero de 2009

La chica de los zapatos rojos

Desde que nací hace casi 18 años, mis padres, me enseñaron a no mirar al cielo, era una ley nacional en la cual se advertía que a causa de la radiación solar, quien mirara el cielo perdería totalmente la visión, “el sol está enfermo” decían papá y mamá siempre, me contaban todo lo que habían hecho ellos para salvarlo hace tanto tiempo, pero siempre terminaban diciendo que era imposible que con solo la voluntad de dos personas se pudiera cambiar el curso del planeta, que cada vez, como se dice en mi pueblo,  “va de culos”.

Salir a la calle es toda una osadía, toca ponernos trajes antiradiactivos, material del que hoy día está hecha toda nuestra ropa, cubrirnos completamente, salir de sombreros, gorras, lentes oscuros y eso si, mirar siempre hacia abajo, porque el reflejo del sol en los lentes de otras personas puede ser igual de riesgoso que mirarlo directamente. 

En ese caminar y caminar por el mundo con la cabeza gacha, encontré en la escuela algo que me llamó la atención, unos Converse rojos, con unos pantalones a rayas ceñidos al cuerpo, levanté la mirada hasta la cintura y era una figura perfecta, la escuché hablar y realmente me pareció hermosa. Es una sensación extraña pero realmente placentera. 

Hace ya varios días que me acerqué y conocí sus zapatos, siempre la reconozco por ellos, siempre los lleva, cambia entre pantalones, faldas, shorts y bermudas, que sin importar, siempre llevarán los converse como juego, si el sol no fuera un impedimento, ya habría levantado la cabeza y la miraría a los ojos; pero hay algo que sé, ella ya empezó a notarme y ya a veces le hago falta, ¿por qué?, porque un amigo mío la conoce y ella le ha preguntado por mi, el chico de los zapatos grandes.

Hoy me acerqué, simplemente a hablarle:

-Hola, ¿Cómo estás?

-Muy bien y tu?-Me respondió.

-bien muy bien. Mira, mucho gusto, me llamo Juanse.

-Mucho gusto JuanSe, mi nombre es Violeta.

-wow, bonito nombre, tanto como tu, sabes, solo me acerqué a decirte que me gustas, me gusta tu forma de ser, me gusta tu forma de hablar, cuando hablas de Faciolince con esa propiedad, cuando te metes en los poemas de Borges y los dices con ese sentimiento, me gustan tus piernas y tu cadera, me gusta tu forma de ser, tu trato con tus compañeras, me gustas tanto, que me gustaría invitarte a salir.

Ella sorprendida respondió.-realmente es increíble que te acerques así, pero igual tu a mi también me gustas hace un tiempo, tus zapatos me llaman mucho la atención, tus pantalones, tus conversaciones, tu Ipod sonando a todo volumen en tus oídos, tus libros, tu cuaderno me agradan, me gustaría saber mas de ti. ¿Estaría bien hoy a las 7?

-si, encantado, ¿paso por ti a tu casa?-

-Sabes donde vivo?

-no, pero me puedes decir y asi pasó por ti.

-ok, vivo en la 118A de Terracota.

-allá estaré.

Llegué puntual como es mi costumbre, a esa hora solo salimos con sombreros y lentes oscuros, el cuerpo va cubierto pero con ropas normales, como cuando papá y mamá eran jóvenes.

Me puse un atuendo que reflejaba demasiado mi personalidad, me eché perfume porque papá me obligó, ya que dijo que debía conquistarla con mi olor.

Toqué la puerta, ella salió, mi cabeza estaba agachada, levanté la mirada y la miré fijamente a los ojos, me fundí en ellos, era tan hermosa, su cara angelical, piel rosada, ojos verdes, cabello rubio, tenía un vestido del color de su nombre, y había cambiado sus converse, tenía unos verdes, era lo único que había cambiado de ella.

Me abrazó y me dio un beso entre los labios y la mejilla, en esa esquina de la boca, me pidió que la esperara, entró, tomó su bolso y salimos a caminar.

Caminamos demasiado, hablamos, comimos un helado, ella no quiso comer nada de sal, dijo que era muy apresurado comer algo decente en la primera cita, que era simplemente para conocernos.

Estuvimos juntos casi cuatro horas, la miraba de reojo, ella tambien me miraba, en un instante ella tomó mi mano y mi cuerpo casi se cae, sentí unas mariposas en el estomago que nunca había sentido, era espectacular. Caminamos tomados de la mano durante mucho tiempo y luego decidí abrazarla. Ella paró me tomó las dos manos y me dijo:

-JuanSe, te gustaría ser mi novio?

-si, no lo pensaría ni un segundo.

Se abalanzó sobre mi, me abrazó el cuello con sus brazos y fui sintiendo como su tibia lengua entraba en mis labios y me besaba apasionadamente, mis ojos se cerraron, disfrutaron el momento, mi cuerpo ni hablar, estaba hecho un espectáculo, una fiesta total. El corazón mío palpitaba y yo sentía que el de ella iba más rápido que el mío.

La dejé en su casa, un beso nos alejó por esa noche, al otro día la vería nuevamente en la escuela. Salí de su urbanización y empecé a bailar mientras iba hacia la mía, eran unas cuantas manzanas las que nos alejaban. Me sentía feliz. Cantaba, saltaba, sonreía.

Al otro día en la escuela, llegué y la busqué, no estaba, no llegó. De repente sentí como si se hubiera olvidado de mi. No encontraba a sus amigas, no encontraba esos zapatos que siempre la acompañaban a ella y a sus amigas.

Unos brazos me tomaron por la espalda, un peluche de una jirafa se posó en mi pecho, miré los zapatos, eran azules, yo aún no descifraba, levanté la mirada, la vi y la besé. En ese momento, vimos como la radiación desapareció, nuestro miedo desapareció, y vimos como el sol fue aliviando su enfermedad gracias a nuestro colorido amor, que le perdió el miedo a perder la visión, nuestro amor que se arriesgó a caminar con la cabeza erguida sin temor a nada.

sábado, 14 de febrero de 2009

La chica de la ventana

La miraba cada que salíamos a la sala común para esparcirnos, ella miraba por la ventana siempre, yo me hacía cerca, pero lejos, nunca había sido capaz de acercarme. Los médicos me decían que ella llevaba casi el mismo tiempo que yo interna, que había llegado dos días después que yo, con el mismo problema, yo la vi y sinceramente desde que lo hice sentí el famosísimo flechazo de Cupido, me sorprendió encontrar a una chica tan bella como ella en un sitio como éste.

Ayer fue el día de visitas y he podido notar que ella no tiene quién la visite, a mi vino Alejo mi mejor amigo a visitarme, me saludó y hablamos un rato, me miraba extraño, decía que yo tenía un nuevo y mejor semblante, yo solo acerté en decirle que me sentía mejor, le entregué unas hojas y le dije:

-Entrégaselas a ella.

-¿A quién?- me preguntó.

-A ella, a la mujer que me roba el sueño, esa por la que quiero salir, esa que ha hecho cambiar mi semblante.-Le dije.

-Pero parce, no se de quién me hablás.-

-De la muchacha de la ventana, yo sé que vos sabes donde vive.

-¿Cuál vieja de la ventana? ¿Cuál ventana?

-Parce, la bonita, esa rubia, de cabello hasta los hombros, ojos verdes, piel rosada, que el blanco se le ve hermoso. Y la ventana, pues, es la ventana del salón común de acá.

-Parce, vos estas loco, en serio.

-No hermano, yo la veo todos los días, entró conmigo, eso me dijeron los médicos.

-Parce, si en el hospital solo hay cuatro internos y todos son hombres.

-Parce, pero yo la veo todos los días.

-¿y le has hablado?

-No, ella es muy callada, yo la veo a lo lejos, pero no he sido capaz de acercarme, le escribo todos los días, pero es mejor que se lo entregués vos, yo se que vos sabés donde vive, y ella va a entender.

-Ok.- me dijo.

Nos despedimos y él se marchó, habló algo con los médicos antes de irse y luego salió.

Hoy hablé con la chica de la ventana, nos hemos conocido y si, es perfecta, hemos hecho planes, ella me dijo que yo le gustaba, que me veía observándola y retratándola con mis letras, porque sabía  que yo la escribía, que era ese motivo para escribir y tengo ganas de besarla, de pedirle que sea mi novia, pero no se qué hacer, me da miedo.

Aproveché que era día de visitas y yo mismo la visité, ya que nadie viene a hacerlo.

Alejo vino a visitarme a mi y yo le mandé otras cartas con él.

Alejo me dijo que reaccionara, que la chica de la ventana no existía.

Yo solo le dije que sabía que nuestro amor era imposible y por eso nadie estaba de acuerdo con nuestra relación, pero que poco me importaba, yo la amaba y quería estar con ella para siempre.

El teléfono suena, en el identificador de llamadas aparece el número del hospital mental, contestan:

-Aló.

-¿Don Alejandro?- se oye preguntar al otro lado de la linea.

-Si, con él.

-Don Alejandro, Juanse no está en su habitación.

-¿Qué? ¿Cómo Así?

-Si señor, no está y dejó una nota sobre su cama.

-¿Y qué dice la nota?

-ME HE ESCAPADO CON LA CHICA DE LA VENTANA

miércoles, 11 de febrero de 2009

Muy Personal

Hoy tal vez incursione en un estilo que no me caracteriza, pero realmente no sé como expresar esto, como decir lo que pienso, lo que siento, tal vez un cuento no diga lo que estoy atravesando y por eso tal vez lo haré lo más literal posible, lo mas directo, frío y desgarrador que pueda hacerlo, así como cuando se apuñala un corazón.

Ayer tal vez fue el peor día de mi vida, pese a que mucha gente me hizo sonreír, pese a que muchos se esfuerzan por hacerlo, yo sonrío por conveniencia, porque tal vez sea la unica manera de escaparme de mi realidad.

Esta será tal vez mi carta de despedida, la última vez que mi inspiración trabaje al menos en un tiempo para contar un cuento.

El día comenzó un poco mal, era un día frío, había llovido toda la noche, eran las 5:15 a.m. y yo salía a sortear las calles, aunque ya antes me había dicho que el día tal vez no sería bueno para mí, pues aplasté mis dedos de la mano izquierda con la puerta del estudio de mi casa. Salí a estudiar como es ya la rutina y mientras subía al bus que me lleva a la universidad, resbalé, de esas veces en que la suela de tus zapatos falla y hace que cuando te sentías tan seguro de poner el pie en la escala caigas, me sostuve de un tubo que sirve de pasamanos, pagué el pasaje y como ya es normal me quedé parado esperando un puesto. Las manos en el tubo para sostenerme, Enter Shikari sonando en el Ipod, “No Sssweat” castigando mis oídos y mi cuerpo con ganas de bailar, miré el antebrazo que me ardía y encontré un hueco que emanaba sangre de él, ahí gasté el último pañuelo que llevaba conmigo para sonarme la nariz por la gripa.

Llegué a estudiar, con la cabeza puesta en lo que pasaba luego de clase y tal vez tratando de verle el lado amable a las cosas, me decía a mi mismo: “Juanse, todo va a estar bien”, “Juanse, no es nada, relájate”.

Salí de clase, comí algo y me fui para el edificio ese, donde tenía la cita, donde iba a encontrarme con alguien a quien nunca había visitado, mis cuentos impresos iban guardados en el bolso, mis nervios guardados en mi pecho y mi cabeza, un altavoz que llamaba a la gente y una ciudad que se ve inmensa desde ese sexto piso. Mi nombre fue mencionado por los parlantes y ese juego de escondérmele a la medicina, que muchas veces me había hecho discutir con mi exnovia, había terminado.

Entré al consultorio, el hombre me saludó y me preguntó, “Juan, por qué crees que estás acá” yo lo miré y le dije, “Tal vez, porque estoy perdiendo la razón” el sonrió y me empezó a hacer preguntas. Terminé contándole de mis pesadillas, de mis visiones, de la sangre luego de ellas, de mi amor, de mis sueños, de mis posibilidades, de mi trabajo, de mi banda, de la música que escucho, de las bandas queme gustan, de cuanto disfruto un concierto y finalmente porque él lo pidió, le mostré mis cuentos. Leía los títulos y se sumía en la lectura, preguntó por “Traición”, “Tranquilidad”, “Estrellas”, entre otros, yo solo podía decirle que eran fruto de mi imaginación.

Luego de casi 45 minutos en el consultorio solo pudo decir, “Juan, tenés ESQUIZOFRENIA”. Ahí, simplemente ahí, sentí como un vacío llenaba mi cuerpo, mi estomago, miré por la ventana, él continuó, “Te voy a mandar unos antipsicóticos y unas recomendaciones de cositas que no debes hacer”. Esas recomendaciones pensé que serían fáciles de hacer, pero me llevé la sorpresa de que empezó a musitar frases que para mi eran aterradoras: “Juan, te voy a pedir el favor de que hagas esto al pie de la letra, porque asi tal vez puedas calmar esas cosas que tenés, mirá yo se que no es facil, pero hacelo y veremos el resultado. Empecemos con la lista:

-No debes seguir escribiendo.

-No vayas a conciertos.

-No toques batería.

-No uses audífonos.

-No escuches música muy duro.

-No salgas en las noches.”

Ahí lo interrumpí y le dije, “Doctor ¿usted cree que quitándome eso voy a estar mejor?, con eso me va a matar, esa es mi vida, solo prohíbame que no puedo volver a leer ni sentarme en el computador y me meto un tiro de una vez”. Él sonriente me dijo “Te dije que no iba a ser fácil, pero vamos a hacerlo y veremos los resultados”. Yo asentí con mi cabeza, volví a mirar por la ventana, las lágrimas en mi rostro ya dibujaban otra cara, tenía ganas de salir volando por esa ventana, como en “Estrellas” o como lo hizo la chica de “Eterna Pesadilla”. Recibí la formula y salí, le di las gracias al doctor que solo me dijo “Cálmate, tal vez lo que necesites sea un buen rato en el campo, un fin de semana”.

Luego de salir del consultorio, entré en el baño, me lavé la cara con agua fría, me miré al espejo, sonreí, pero mi cara de tristeza no dejó que fuera tan alegre como antes. Miré al frente, dije, “listo vamos a tratar” y salí para mi casa.

Hoy, con lágrimas en los ojos, con unos ojos que dan pie de la noche que pasé, que si miran al frente o directamente te dirán que no han dormido en un día, sigo acá, tal vez tratando de afrontar mi realidad, tratando de explicarme por qué pasa esto, tratando de encontrar la manera de  como hacerle saber al mundo y a mi mismo que NO VOY A VOLVER A ESCRIBIR.